El invierno como punto de partida.
Paisajes silenciosos, arquitectura y formas naturales inspiran una manera de vestir más pausada y esencial.
Leer artículoHistorias sobre diseño, arquitectura y procesos creativos que inspiran nuestra indumentaria de invierno.
Paisajes silenciosos, arquitectura y formas naturales inspiran una manera de vestir más pausada y esencial.
Leer artículoEl invierno nos obliga a bajar el ritmo. Los días se acortan, el paisaje se simplifica y lo esencial queda a la vista: la línea del horizonte, la textura de la nieve, la luz baja de la tarde.
En ALCOBA partimos de esa misma economía de formas. Cada colección empieza con un lugar —un valle suizo, una costa de Hokkaido, la estepa de Mongolia— y con la pregunta de cómo vestiría alguien que vive ahí todo el año.
El resultado son prendas con pocas costuras visibles, colores tomados del paisaje y materiales que mejoran con el uso. No buscamos que una pieza llame la atención una temporada, sino que siga en el clóset dentro de diez años.
Los refugios alpinos se construyen con una lógica sencilla: muros gruesos, techos inclinados para que la nieve no se acumule y pocas aberturas, bien pensadas, hacia la luz.
Esa idea de protección por capas es la base de nuestras siluetas. Un abrigo estructurado funciona como el muro exterior; un suéter de lana, como el aislante; una camisa ligera, como el espacio interior.
También tomamos de la arquitectura alpina su paleta: madera envejecida, piedra gris y el blanco de la nieve. Son colores que combinan entre sí y que permiten armar un guardarropa con menos piezas.
Antes de diseñar una prenda elegimos la fibra. Trabajamos sobre todo con lana merino, algodón orgánico y mezclas recicladas, porque abrigan, respiran y duran.
Visitamos a los proveedores y pedimos muestras de cada lote. Revisamos qué tanto se forman bolitas después del lavado, cómo cae la tela y cómo envejece el color. Si una fibra no pasa esas pruebas, no llega a la colección.
Elegir bien el material es la decisión de diseño más importante que tomamos: una prenda bien hecha con una fibra honesta necesita menos reemplazos y genera menos desperdicio.
Pasamos dos semanas recorriendo la costa sur de Islandia: playas de arena negra, glaciares y campos de lava cubiertos de musgo. Llevamos cuadernos, una cámara y una paleta de colores en blanco.
Volvimos con cientos de fotos y muestras de color: el gris del basalto, el verde apagado del musgo y el azul del hielo glaciar. Esos tonos serán la base de la próxima colección de invierno.
Lo que más nos marcó fue el clima: cambia cada hora. Por eso la colección girará en torno a capas que se ponen y se quitan con facilidad y a materiales que resisten el viento sin perder ligereza.